
¿Rediseñar la web o arreglar la que tienes? Cómo decidirlo con datos y no por cansancio
La mayoría de los rediseños se deciden porque el dueño se ha aburrido de su web, y ese es el peor motivo posible. Cuatro datos que tienes a mano y que te dicen si toca empezar de cero o si con arreglar tres cosas recuperas más de lo que crees.
Rediseña si la base está mal: si la web es lenta sin remedio, si no funciona bien en el móvil, si no puedes editarla tú, si la plataforma en la que está montada ya no tiene soporte o si tu marca ha cambiado tanto que la web habla de otro negocio. Arréglala si la base es razonable y lo que falla es concreto: la velocidad, los textos, un formulario que nadie rellena, el SEO. Casi todos los rediseños que vemos se deciden por un tercer motivo que no está en ninguna de las dos listas: el dueño se ha cansado de verla. Es legítimo, pero es el peor criterio posible para gastar dinero.
Dato 1: qué dice Search Console
El primer dato está en Search Console, y si no la tienes activada ese ya es un hallazgo. Mira si tu web recibe impresiones y en qué posiciones: si posiciona para búsquedas que te traen clientes, un rediseño mal planteado puede tirar eso por la borda en una semana cambiando URLs, borrando páginas o reescribiendo textos que funcionaban. Si no posiciona para nada, tienes menos que perder y más libertad para empezar de cero. En los dos casos, la respuesta cambia lo que hay que hacer.
Dato 2: la velocidad en móvil
El segundo dato es la velocidad en móvil, que puedes medir en dos minutos con PageSpeed. Un WordPress con cuarenta plugins, un tema pesado y fotos sin optimizar que saca veinte sobre cien en móvil suele salir más caro de arreglar que de rehacer, porque el problema no es una cosa, es la suma de todas. Una web que saca sesenta o setenta, en cambio, casi siempre se arregla: imágenes, caché, un par de scripts fuera, y sube a verde sin tocar el diseño.
Dato 3: cuántas visitas se convierten en contactos
El tercer dato es la conversión: de las visitas que tienes, cuántas acaban en un contacto, una llamada o una reserva. Aquí es donde más se equivoca la intuición, porque el problema casi nunca es que la web sea fea. Es que el teléfono está escondido en el pie, que el formulario pide nueve campos, que no hay un botón claro de qué hacer a continuación o que la página de servicio no dice el precio ni la zona. Todo eso se arregla en un día y mueve más que cualquier rediseño.
Dato 4: si la web se puede mantener
El cuarto dato es si la web se puede mantener. Un constructor visual que dejó de actualizarse, un tema sin soporte, una versión de PHP que el hosting va a retirar, una contraseña que nadie sabe o un desarrollador anterior que no contesta: cualquiera de estas cosas es motivo de rediseño aunque la web se vea perfecta, porque el día que se rompa no habrá quien la arregle. Esto es lo que más nos encontramos en webs de hace cinco o seis años que por fuera aguantan bien.
Cuando la respuesta es «las dos cosas»
Muy a menudo los cuatro datos no apuntan en la misma dirección: la web posiciona bien pero no se puede mantener, o convierte fatal pero es rápida y editable. En esos casos la respuesta no es elegir, es ordenar. Primero se arregla lo que devuelve dinero en días —el teléfono visible, el formulario corto, la velocidad, las fichas que faltan— y en paralelo se planifica el rediseño con calma, sin congelar la web actual mientras llega la nueva. El error clásico es el contrario: decidir que «ya que vamos a rehacerla, no tocamos nada», y pasar entre tres y seis meses perdiendo contactos con una web que se podía haber mejorado en una tarde. Un rediseño bien hecho tarda lo que tarda; la web vieja tiene que seguir trabajando hasta el último día.
Las señales de cansancio
Y luego están las señales de cansancio, que conviene reconocer para no disfrazarlas de necesidad: «me aburre», «la competencia ha cambiado la suya», «quiero algo más moderno». No son malas razones, pero no son urgentes, y un rediseño completo son semanas y un presupuesto. Muchas veces un refresco de la portada, fotografía nueva y una tipografía actual consiguen el ochenta por ciento del efecto por una fracción del coste, y dejan intacto todo lo que ya funcionaba.
Qué pedirle a quien te presupueste el rediseño
Si con los datos en la mano decides rehacerla, la calidad del resultado se decide en lo que pidas antes de firmar. Pide un inventario de las URLs y páginas actuales con su tráfico, y un plan de redirecciones una a una para las que cambien. Pide que se conserve y se mejore el contenido que ya posiciona, en lugar de escribirlo de cero por sistema. Pide saber quién escribe los textos y quién hace las fotos, porque una web nueva con los textos de la vieja pegados no es un rediseño. Pide una medición antes y otra a los tres meses de lanzar: velocidad, posiciones y contactos. Y pide que la web actual siga publicada hasta que la nueva esté indexada y probada, no que se apague el día de la entrega. Quien no pueda responder a estas cinco cosas te va a entregar una web bonita y un problema.
Si toca rediseñar, tres reglas
Si con los datos en la mano toca rediseñar, hay tres reglas que no se negocian: conservar las URLs que posicionan o redirigirlas una a una, conservar el contenido que trae visitas aunque se reescriba, y medir antes y después para saber si el cambio ha servido. Si no tienes claro en qué punto está tu web, analízala gratis: en treinta segundos tienes velocidad, SEO y visibilidad, que son tres de los cuatro datos de esta lista.
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